martes, 15 de diciembre de 2015

Textos Ganadores. 40º Reto: ¡No te quiere!



REVISTA SEMANAL DEL RETO

Texto Ganador en Prosa
( 43 puntos)

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(Leer comentarios en el grupo Territorio de Escritores)

Querida Clara:
¿Recuerdas que de niñas hicimos un pacto de sangre? Cortamos nuestros deditos con una cuchilla de afeitar y juntamos las yemas ensangrentadas. De este modo, nos juramos amistad eterna. Clara y Berta. Siempre juntas.
Solo que tú cumpliste. Yo no. 
Es tarde para enmendar mis errores pero necesito decirte tantas cosas… ¿Por dónde empezar? No lo sé. La pena me ahoga y la vergüenza me atenaza, taladrándome las entrañas como una rata hambrienta. 
Aunque, tal vez, todo ello podría resumirlo en una sola palabra. En una súplica.
Perdóname.
Sí, te pido perdón por todas las veces que vi cardenales en tu cara y miré hacia otro lado. Por todas las ocasiones en que tus labios inflamados me hablaban en silencio de sufrimiento. El tuyo. Por los días que vi tu número reflejado en el teléfono y decidí no descolgar. Por tus noches en vela. Por tu soledad.
Por todas las ocasiones en las que no hice nada.
Ni siquiera preguntarte. Mucho menos ayudarte.
Aunque ahora, ya es tarde. 
Esta mañana he ido al cementerio a decirte adiós para siempre. He querido verte y no me lo han permitido. Me han dicho que tu cuerpo estaba demasiado mancillado. Por un momento me he alegrado, pensando que ahora descansarás. Libre, por fin. Y no llorarás pensando en el hombre que no te quiere y en la amiga que nunca lo fue.
Tu madre y tu hija, al verme, han venido a abrazarme, pero yo he dejado caer los brazos a lo largo del cuerpo, incapaz de corresponderlas. Incapaz de apoyarlas en su dolor. Porque de alguna manera soy cómplice de tu asesino, Isidro, aquel que un día te juró fidelidad y amor eterno. Aquel que un día decidió abandonar tu cama y venirse a la mía. A la de la que considerabas tu mejor amiga.
Descansa en paz, querida amiga. Qué al menos tú puedas hacerlo.
A Isidro y a mí, nos esperan en el infierno.

Sue Celentano



Texto Ganador en Verso
(33 puntos)

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(Leer comentarios en el grupo Territorio de Escritores)

Veo a mis jóvenes hijos enlutados,
sus rostros húmedos, tristes y salados.

Mi pequeña se aferra a la mano
de su envejecida abuela y de su hermano,
sus grandes ojos, hoy, más grandes y asustados.

El silencio me impresiona, 
sólo lo interrumpe algún sollozo 
y algunos suspiros acallados.

Me llevan en volandas
con un traje que no he comprado.
He de aceptar que todos tenían razón:
debí dejarlo.

Me dio pena cuando pidió perdón,
me dio miedo cuando me amenazó, 
me remordía la conciencia por alejarlo
de unos hijos, que al fin y al cabo, 
sufrían como yo.

Y él me pagó con cruel moneda de cambio:
una puñalada en pleno corazón
que sólo me remató,
pues ya estaba roto hacía años.

Cuando la convivencia fue batalla
y la sinrazón venció.

Empequeñecida, muda e invisible
recibí sus golpes y feas palabras.
Me aconsejaron… y no hice caso. 
Ahora ya es tarde…
lágrimas, flores, abrazos desconsolados,
pues mis iniciales y una fecha
en cemento fresco… están grabando.

Ina Molina Pérez