miércoles, 9 de diciembre de 2015

Textos Ganadores. 39º Reto: Un pequeño gesto


REVISTA SEMANAL DEL RETO

Textos Ganadores en Verso
( 40 puntos)

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No deseo que cuides de mis hijos,
ni quiero que hoy ocupes en mi cama
el lado de la izquierda que reclama
tus ardores en dulces escondrijos.

Usurpo a la pared los crucifijos
que en rezos, han negado mi soflama
cual ventisca que parte débil rama,
así va mi osamenta hecha amasijos.

Olvida prepararme cada aurora
el café, que yo tanto necesito,
pues, no quiero sirvienta ni señora.

¿Acaso no has notado que me acuito
si tus manos se hieren a la hora
de labores, por mí que no permito?

¡No amor mío!... No es eso lo que espero,
¿Qué anhelo?... Solo un gesto de tus ojos,
la marca de tus besos sin enojos,
el carmín de tu boca es lo primero.

La humedad de tu cuerpo en mi madero,
la locura al prestarme tus antojos,
las palmas de tus manos entre hinojos,
la curva de tu espalda y su joyero.

Mas, si esto te parece exagerado
y no deseas darme tu cariño,
jamás pienses que soy un desalmado.

Mira otra vez, amor, pues soy un niño,
en verdad, un infante enamorado.
¡Tan solo me conformo con un guiño!

Carlos Corredor Camara


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Simplemente nos cruzamos,
en direcciones contrarias nuestros pasos.

Se imantaron las miradas,
las pestañas se enredaron,
anduvimos muy despacio
mirándonos sin soslayo,
incapaces de romper
aquel abrazo imaginario.

No sé si era de día
y salió la luna a saludarnos,
o era de noche
y vino el sol a despertarnos.

Todo a cámara lenta,
ningún sonido extraño
salvo el latido apresurado
de dos corazones galopando.

Sonreímos al mismo tiempo
pensando, algo azorados,
si seguir con nuestro rumbo
… o si cambiarlo.

<Puede ser sólo una tontería>
- pensé- … o un regalo.

Tú paraste, yo esperé
y el uno hacia el otro caminamos.
¿Un café?

Muchos cafés…
¡Hoy hace cinco años!

Ina Molina Pérez



Textos Ganadores en Prosa
(33 puntos)

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A madre siempre le había escuchado decir que él, nuestro padre, nos quería más que ella… Siempre lo dudé porque, “más que ella”, era imposible…

Cuando aquél día desperté no sabía que algo sucedería y que quedaría grabado de por vida en mi vida… Ahí yo, esa ya mujer, aún niña, que deseaba ser querida y que no se sentía así… que quería que todos fueran felices, que soñaba con un mundo digno para todos… ¡Cuanta quimera en mi vida! ¡Cuántos sueños deseados y no obtenidos!... Como aquél… Aquél que en lo más profundo de mi ser quería que fuera, sentirlo, vivirlo, sí… quería que un atisbo pequeñito hiciera sentirme querida por él, por mi padre…

Aquél día llegué a casa, después del colegio y, como siempre, volvía ilusionada, pues mi hogar, mi familia, era y sigue siendo lo más importante en mi existir… Madre, como siempre, abrió la puerta… Padre, al entrar, me entregó un paquete… no recuerdo exactamente nada más… Tan solo mi corazón totalmente acelerado, muy acelerado y las palabras de madre diciéndome: “Después lo miras, ponte a comer”, arrebatándomelo de las manos…

Comí rápidamente solo por tener aquél regalo de nuevo entre mis manos y descubrir qué era… Habiendo terminado le pregunté a madre tímidamente “¿Puedo?” y ella me lo entregó… Rasgué el envoltorio y descubrí lo que escondía… “Qué bonita”, logré decir al ver que era una cajita… “Abrela”, dijo padre y así lo hice… e inmediatamente fluyeron de ella notas bellísimas, que me cautivaron… “Gracias, papa” le dije sonriendo y casi llorando. Aquello significaba TANTO para mí…

Hoy al cabo del tiempo, esa cajita, es mi salvación, me salva cuando creo que todo se hunde, cuando no me siento querida, amada… La abro y la dejo sonar… y es entonces cuando el amor de mi padre surge de ella… no sé si me quería más que madre, como nos decía ella, sé que me amaba, sí, me siento querida por él, me quería y me quiere… ME UNE A EL Y ME LO RECORDARA SIEMPRE… ese su pequeño gran detalle…

Carmen Rodríguez Planas


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Y a veces me pregunto…al contemplar el amanecer en esa magia de luz y calidez desbordándome el alma, al observar la lluvia en ése su maravilloso baile de gotas que chocan unas con otras en los cristales, al escuchar esa canción que eleva mis pies y eriza mi piel…me pregunto, si soy yo, o es él… Y a veces llevo mi mano a mi pecho intentando adivinar con mis latidos esos momentos vividos y sentidos por él…ésos, que cesaron en mitad del camino predestinados en ese amor incondicional por la vida, a ser ahora, parte del mío… Y quisiera sentarme frente a ese horizonte de miles de gaviotas danzando sobre un mar esmeralda, sabiendo, que de alguna manera está vivo, que no se fue del todo…que puede ver a través de mis ojos cómo mi alma viaja entre el cielo y la tierra sintiendo y respirando cada ápice de vida, gracias…a su corazón.
Mi querido amigo, cómplice en latidos…te fuiste, sin irte, pues estás conmigo…cada vez que sueño, respiro…estás…te vivo…
Y recuerdo tu mirada en aquella cafetería cuando me animabas, mientras tus manos, se estrechaban junto a las mías, como si intuyeran, que algún día, tú, ibas a salvar mi vida… -Un pequeño gesto, una firma… -me decías… -llegará tu corazón…
Ambos bromeábamos y contábamos nuestros días. Nuestras enfermedades eran distintas, pero nuestros mundos…eran un solo océano de sueños que jugaban sin límites ni dueños, porque, éramos libres, no temíamos irnos…no temíamos…
Y tu luz se apagaba, se mitigaba cual llama de una vela…pero sonreías, siempre sonreías…
Así es como te recuerdo…pues mi cuerpo se desplomó contra el suelo sin ser consciente aún, de que no volvería a ver tus ojos, que no volvería a sentir tus huesudas manos entre las mías…aun cuando el destino nos tenía deparado unir nuestras vidas para siempre, porque fue tu regalo, tu gesto para con la vida, mi vida, que ahora, te debe tanto…
Sí, estás…te vivo, mi querido amigo….pues sólo tu cuerpo subió a ese barco sin destino… tu alma, tu corazón, no zarparon…ellos se quedaron…en mí, conmigo…

Ginebra Blonde