lunes, 29 de junio de 2015

Textos Ganadores del Reto nº 28: El Tiempo es Oro

RETO Nº 28: EL TIEMPO ES ORO

Texto Ganador en Verso
(28 puntos)
(Perfil de Facebook)
SIN TIEMPO...Y A TIEMPO

Me he sentado en el vacío,
de mil y una respuestas,
como el hambriento rocío,
hulle de la pregunta,
sobre la certera espera,
llora vida sin dudas.

Busco en ellas tu valor,
Y no pregunto el precio,
En caducidad viene dado,
Quizás sea un soñador,
Soy el mago del reloj,
Y mi cuerda marca el tiempo.

Dicen que eres de oro,
tu valor es nuestro deseo,
la realidad y los sueños,
marcan la tarifa y el riesgo.

Tu eres espacio varado,
yo soy momento,
instantes fugaces o lentos,
yo marco el movimiento,
tu solo eres tiempo...

Tu eres mi casero,
yo el inquilino sin fianza,
tengo marcado el precio,
una vida …un alma.

Me iré desnudo de tiempo,
con el alma…aun con sueños,
y mil y una respuestas,
no eres oro sino deseo,
una escusa perfecta,
sin tiempo… y a tiempo...
volando …a ras de suelo,
quedan las preguntas… huérfanas.

Eduardo J. Eguizábal Torre

Texto Ganador en Prosa

(26 puntos)
        SUSANA CELENTANO
(Perfil de Facebook)

Su rostro era como yo lo recordaba. Parecía que la vida se hubiera detenido y que los diez años transcurridos sin vernos solo hubieran existido en mi imaginación. Tan solo la rugosidad de sus rodillas inútiles delataba en su persona el paso del tiempo. Me miró complacida, parecía contenta de verme. Como si no supiera que yo nunca la había querido. Que me había ido por ella, porque no soportaba su figura de inválida desvalida.
Me pidió que la besara y tragándome la repulsión que me inspiraba, lo hice. Me sorprendió su fragancia. Fresca como la de un bebé. Penetrante como su mirada.
Solo que sus ojos reflejaban amor.
Ana.
Recordé el día de su nacimiento. Mis doce años de reinado en el corazón de mis padres desparecieron, yo ya no era la protagonista en sus vidas. De repente el tiempo de los dos se convirtió en oro con el que agasajaban a la intrusa. Y ella siempre pedía más. Durante unos años disimulé como pude la aversión que me producía esa pequeña llorona que me despertaba con sus gritos cada noche.
Después vino el accidente. Mi padre murió y Ana con ocho años se rompió la columna. Mi madre se volcó en ella. Todavía más.
Yo me aparté del todo. No soportaba el olor a enferma de Ana, ni la dedicación absoluta de nuestra madre. No había luto por mi padre, no había tiempo más que para cuidar a Ana.
Las odié.
Me marché.
Nadie me buscó.
Al menos eso creí hasta hace una semana. Mi madre siempre había sabido mi paradero, me cuidaba desde la distancia, pero había querido respetar mi retiro. Ahora, Ana iba a casarse y quería que yo estuviera presente en su enlace. Me pregunté qué tipo de hombre se casaría con una mujer como ella. Quien querría desperdiciar su tiempo con una invalida. 
Desterré ese pensamiento. Ella era buena y yo no. Quise aprender a quererla. 
Mi madre entró en la habitación y me abrazó mientras Ana sonreía complacida. 
Sentí que había vuelto al hogar. Sí, tenía tiempo para enmendarme.


Susana Celentano