jueves, 21 de abril de 2016

Textos Ganadores. (11) Reto anónimo mensual: La imagen


Texto Ganador en Verso:
(31 puntos)

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La vi...la miré...
solo vi sus lágrimas,
un beso... un café...
cómplices las miradas,
cucharadas de promesas,
azúcar bajo las sabanas,
como llegó se fue...
me robó el alma.

Días de plomo...
aniversario de plata,
su recuerdo el tesoro
que colma mi taza.

Sobre una mesa de mármol,
la victoria de una promesa, 
a su luz abre paso...
entre nubes de ausencia.

Llueven...silencios,
voces de nostalgia,
rumores del tiempo...
huellas en la piel,
cicatrices en el alma,
tatúan la pared
de este corazón preso, 
eslabones de esperanza
de una promesa sin tiempo
que entre cenizas y escarcha
cobijan su recuerdo.

Cristales de humo...
sueños de papel...
dos besos de galleta,
mi vida es una taza...
bañera de tu piel,
desnuda te bañas,
sirena inquieta,
desnuda de alma
y brillantes promesas.

Otro año... otra cita,
mismo lugar... misma mesa,
esperas...soledad, 
dos sillas... otra ausencia,
he aprendido a llorar...
en una sonrisa.

Eduardo Eguizábal Torre




Texto Ganador en Prosa:
(23 puntos)

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CATORCE
(Leer comentarios en el grupo Territorio de Escritores)

Sus amigas le habían regalado una semana en aquel balneario de ensueño por su 60 cumpleaños. Lali decidió llevar a su hija Esther con ella, pues tras su divorcio, la joven estaba algo desubicada. Iba de una historia a otra casi sin dejar enfriar el lecho. Modelo publicitaria, treinta y dos años y tremendamente sensual. Preciosa melena, sinuosas curvas… además de alegre y extrovertida, pero con muy mala vista para elegir pareja. Su madre, sagaz e inteligente conversadora, aún conservaba el atractivo que siempre tuvo. Compartía su tiempo entre la docencia - ¡ aún cinco años para la jubilación! - obras benéficas, compromisos culturales y su familia monoparental.
Después de instalarse decidieron dar un paseo por los magníficos jardines, donde coincidieron con Floro, un hombre joven muy agradable y bien parecido con el que entablaron conversación. Estaba allí hacía unos días, para intentar relajarse. La vida le había dado una segunda oportunidad a sus 46 años y, tras un infarto, había empezado a delegar tareas de responsabilidad en su empresa, por primera vez.
Aquella noche compartieron mesa en la cena. A la mañana siguiente tomaban un baño de medicinales aguas. Los tres rieron con ganas al verse con esos ridículos gorritos tan poco favorecedores.
En fin… al cabo de unos días se habían contado sus respectivas vidas, convirtiéndose en un trío inseparable. Era muy chistoso y divertido a la par que culto y caballeroso. Nada que ver con los chicos que frecuentaba Esther, quien cada vez se sentía más subyugada por Floro.
< Es un encanto mamá… pero me lleva catorce años>
<Qué importa, es sólo un insignificante dato del DNI> concluyó Lali.
La última noche antes de que las mujeres partieran, Floro se puso muy serio a los postres.
<Nunca pensé que le agradecería a mi maltrecho corazón que me permitiera conocer a la mujer de mi vida>
Y tomando una mano de cada una, las miró de hito en hito.
<Querida Esther, ¿me concederías la mano de tu madre?>
(silencio espeso)
<Pe… pero soy mucho mayor que tú> espetó Lali>
<¡Sí, catorce años, un insignificante dato del DNI!>

Ina Molina Pérez